Hace un tiempo venimos indagando y tratando de llegar a un veredicto sobre un asunto bastante dolor de cabeza para muchas: la celulitis. Sí, tema súper frecuente (afecta al 80-90%[1], [2] de las mujeres postpuberales del mundo), pero aún sin soluciones prometedoras.

No solo en The Chemist Look dudamos de la eficacia del montón de tratamientos anticelulíticos que se ofrecen por ahí: Stefanie Luebberding y colaboradores realizaron en 2015 una revisión de 67 artículos que evaluaban in vivo (en humanos) la eficacia de los tratamientos, y no encontraron evidencia clara de una buena eficacia en ninguno de ellos[1]. Parece sorprendente, aunque, si lo pensamos bien, tiene sentido: si existiera un tratamiento súper eficaz ya estaríamos todas al tanto, ¿no? Esto puede deberse a que la celulitis no es una alteración ni una enfermedad de la piel que haya que “arreglar”, sino la apariencia natural de la piel de la mujer.

¿Cómo funciona la celulitis?

Súper resumido: la capa más externa de la piel es la Epidermis, abajo está la Dermis y debajo de esta se encuentra la Hipodermis (capa adiposa, es decir, grasa). La celulitis ocurre cuando hay pequeñas “salientes” del tejido adiposo desde la Hipodermis hacia la Dermis, que empujan a las capas superiores y repercuten en la apariencia de la parte más externa de la piel (causando la típica “piel de naranja”). Varios factores parecen incidir en que esto ocurra, tanto hormonales como circulatorios, inflamatorios y genéticos[3].

Tejido adiposo sin “salientes” / “Salientes” de tejido adiposo empujando hacia afuera

Es bien sabido que esto suele afectar más a mujeres que a hombres. Qué injusticia, ¿no? 😉 Pero hay una explicación: la estructura de la piel es distinta en hombres y mujeres. Nosotras tenemos tabiques fibrosos separando al tejido adiposo subcutáneo dispuestos de forma perpendicular a la piel, que favorecen que la grasa pueda protruir hacia las capas más superficiales. Los hombres, en cambio, tienen los tabiques dispuestos de forma oblicua, lo que evita que ocurran estas “salientes”[1].

Columnas de grasa entre tabiques verticales que empujan hacia la dermis. Grasa de la hipodermis atrapada por tabiques oblicuos.

Vale aclarar que el tejido adiposo de la hipodermis es necesario. Aísla, reserva energía y brinda protección, entre otras funciones. Enfermedades que afectan a este tejido (como el síndrome de Werner o la esclerodermia) tienen indeseables consecuencias para quienes las padecen [4].

¿Es la celulitis entonces un problema?

Nos llamó la atención ver a la celulitis desde este punto de vista. Nunca la habíamos considerado como algo “normal”. Si bien existen diferentes definiciones, encontramos que está bastante aceptado no clasificar a la celulitis como una enfermedad ni como un trastorno de la piel, sino como un proceso fisiológico (normal) o al menos de base fisiológica[1], [3]. Es posible que por eso sea tan difícil combatirla: no es una alteración que uno “arregle” y listo. Teniendo en cuenta la causa (la estructura de la piel femenina) y su frecuencia (80-90%) nos animamos a decir que la celulitis es la apariencia normal de la piel de ciertas áreas en las mujeres.

Sin embargo, es llamativo que el estereotipo de mujer linda y saludable continúe siendo el de una con piernas lisas impecables, ¡aun cuando prácticamente ninguna mujer real las tiene! El uso de Photoshop contribuye a acentuar esta imagen y a hacernos pensar que, si tenemos celulitis, algo anda mal. ¿Y si mejor aceptáramos que nuestra piel tiende naturalmente a esa apariencia y que es totalmente normal? En The Chemist Look pensamos que se puede ser súper saludable y linda con piernas normales, es decir: con celulitis, ¡como prácticamente todas las mujeres! ¿No sería genial dejar de taparnos con el pareo y dejar de sentirnos mal por no tener piernas “como las de las revistas”? Por si queda alguna duda: las mujeres de las revistas ¡también tienen celulitis! 😉

Entonces, ¿no se puede mejorar?

Si bien consideramos a la celulitis la apariencia normal de la piel, bienvenido sea lo que nos haga sentir mejor en todo sentido. Además, en ocasiones no se limita a la piel de naranja, sino que puede exacerbarse debido a distintos factores, pudiendo aparecer nódulos y dolor. Ya sea por esto o porque les molesta la apariencia, entendemos que muchas quieran recurrir a tratamientos. Es por eso que quisimos hacer una revisión sobre cuáles hay disponibles y cuáles son las expectativas que es razonable tener sobre ellos.

Lo primero que queremos dejar en claro es que falta evidencia que sustente una buena eficacia de todas las opciones de tratamiento anticelulítico[1]. Sin embargo, es importante puntualizar que eso no es lo mismo que decir que no son para nada eficaces. Lo único que significa es que la eficacia no ha podido ser demostrada de forma sólida a través de estudios científicos. Esto puede ocurrir porque:

  • se testeó un tratamiento y no se notaron mejorías
  • se testeó en diferentes estudios y los resultados fueron contradictorios (en algunos dio resultado y en otros no)
  • se testeó y dio resultado, pero este no fue significativo (apenas superior a la ausencia de tratamiento)

Cuando ocurre alguna de estas cosas es que decimos que falta evidencia que garantice la eficacia de un tratamiento, si bien esto no quiere decir que jamás dé ningún resultado. De hecho, Irene Zerini y colaboradores hicieron una revisión de 73 artículos que estudiaban la eficacia de los tratamientos y, aunque coinciden con otras revisiones en que falta evidencia que la sustente, encontraron que casi todas las pacientes estaban satisfechas con los resultados obtenidos en su piel[5].

Así que, las que quieran, ¿por qué no probarlos?

Tratamientos tópicos (aplicados sobre la piel)

  • Productos que contienen metilxantinas

Las metilxantinas son la teofilina (contenida en el té), la teobromina (del cacao y chocolate) y la cafeína (del café). Suelen encontrarse en formulaciones cosméticas anticelulíticas, y se les atribuye una función lipolítica (destructora de grasa). Esto lo lograrían estimulando enzimas destructoras de lípidos[1] y aumentando la liberación de reservas adiposas[6].

  • Productos que contienen Retinol

Actúan evitando la formación de tejido adiposo, impidiendo la maduración de las células precursoras de los adipocitos (células del tejido graso)[1]. Además, el Retinol engrosa la epidermis y mejora la composición de la dermis (aumentando la síntesis de colágeno y elastina), por lo que podría disminuir la repercusión de las “salientes” de la hipodermis en las capas más externas. Es decir, al mejorar la composición de la dermis y la epidermis, estas podrían contener a esas “salientes” y disminuir la apariencia de la celulitis[6].

  • Productos vegetales

Varios son utilizados en formulaciones anticelulíticas, como Gingko biloba, Centella asiática y el extracto de Castaño de Indias. Sus efectos serían enlentecer la formación de tejido adiposo y estimular su destrucción. Además, tendrían funciones antioxidantes y antiinflamatorias[1].

Sobre todos estos, vale aclarar que falta evidencia para garantizar su efectividad, como concluyeron Turati y colaboradores en una revisión realizada en 2013[7]. Además, si en The Chemist Look quisiéramos formular un producto anticelulítico, no sería muy claro por dónde empezar, ya que no existe un activo estrella ni información concreta y validada sobre dosis efectivas, absorción, etc. Sin duda, es un campo en el que falta investigar mucho aún.

Otros tratamientos

Existen múltiples opciones en el mercado de tratamientos anticelulíticos aparte de los tópicos. Entre ellos se encuentran la estimulación mecánica (a través de masajes o con equipos), ondas acústicas de choque, tratamientos láser de distintos tipos, radiofrecuencia, carboxiterapia, presoterapia, subsición, mesoterapia y dietas.

Sobre ellos, algunos datos que nos parecieron interesantes:

  • Si bien ninguno tiene evidencia científica suficiente para garantizar una buena eficacia, los dos con resultados más prometedores (según la revisión de Stefanie Luebberding y colaboradores[1]) son las ondas acústicas de choque y el tratamiento láser mínimamente invasivo (Cellulaze).
  • Estudios muestran mejores resultados combinando tratamientos comparado con el uso de uno solo [5].
  • Algunos muestran un buen efecto reductor, pero no necesariamente anticelulítico.
  • La celulitis empeora con el sobrepeso[3]. Si bien es bueno saber que en la mayoría de las mujeres mejora al bajar de peso, en algunos casos puede empeorar[1].

Como verán, si bien hay problemas para validar la eficacia y no hay una opción que asegure un efecto exitoso y duradero[5], las opciones de tratamientos que pueden tener algún potencial efecto son numerosas. Lo que recomendamos a la hora de probarlos es tener expectativas moderadas para no decepcionarse. Y, funcionen o no, siempre querer y valorar a sus cuerpos como son 😉

Esperamos que les haya sido útil y no duden en escribirnos por cualquier consulta.

The Chemist Look

REFERENCIAS:▼

[1]    S. Luebberding, N. Krueger, and N. S. Sadick, “Cellulite: An Evidence-Based Review,” Am. J. Clin. Dermatol., vol. 16, no. 4, pp. 243–256, 2015.

[2]    D. P. Friedmann, G. L. Vick, and V. Mishra, “Cellulite: a review with a focus on subcision.,” Clin. Cosmet. Investig. Dermatol., vol. 10, pp. 17–23, 2017.

[3]    M. De La Casa Almeida, C. Suarez Serrano, J. Rebollo Roldán, and J. J. Jiménez Rejano, “Cellulite’s aetiology: A review,” J. Eur. Acad. Dermatology Venereol., vol. 27, no. 3, pp. 273–278, 2013.

[4]    Irwin M. Freedberg (Editor), Arthur Z. Eisen (Editor), Klauss Wolff (Editor), K. Frank Austen (Editor), Lowell A. Goldsmith (Editor), Stephen Katz (Editor) By McGraw-Hill Professional Fitzpatrick’s Dermatology In General Medicine (Two Vol. Set) 6th edition (May 23, 2003), 108.

[5]    I. Zerini et al., “Cellulite treatment: A comprehensive literature review,” J. Cosmet. Dermatol., vol. 14, no. 3, pp. 224–240, 2015.

[6]    A. M. Rossi and B. E. Katz, “A modern approach to the treatment of cellulite,” Dermatol. Clin., vol. 32, no. 1, pp. 51–59, 2014.

[7] F. Turati et al., “Efficacy of cosmetic products in cellulite reduction: Systematic review and meta-analysis,” J. Eur. Acad. Dermatology Venereol., vol. 28, no. 1, pp. 1–15, 2013.